La Unión Europea aún goza de prestigio entre las personas que gustan de practicar sexo con todo tipo de animales, dado que esa costumbre ancestral es LEGAL en varias naciones del viejo continente.

PARECE QUE EL SENTIDO COMÚN NO TIENE ACCESO EN LA UNIÓN EUROPEA, AUNQUE CONOCIENDO A SUS LÍDERES ME IMAGINO QUE LA ZOOFILIA PODRÍA SER EL VICIO PREFERIDO DE TODOS ELLOS.

PARECE QUE EL SENTIDO COMÚN NO TIENE ACCESO EN LA UNIÓN EUROPEA, AUNQUE CONOCIENDO A SUS LÍDERES ME IMAGINO QUE LA ZOOFILIA PODRÍA SER EL VICIO PREFERIDO DE TODOS ELLOS.

Este tipo de información se ha hurtado a la población desde hace decenios, tal y como ocurría en Suecia y Dinamarca, naciones donde la pornografía infantil era tan habitual como beber cerveza, hasta que se prohibió en 1978 para evitar la llegada masiva de pedófilos dispuestos a tener unas semanas de solaz sexual.

Esta semana, el ministro danés de Agricultura y Alimentación, Dan Jørgesen, dijo que había decidido prohibir el sexo con animales. Añadió que existían varias razones, de las cuales la más importante era el grave agravio que ello supone para los animales, por lo que planea introducir esta enmienda el año que viene.

(Me pregunto qué tiene que ver ese ministro con el hecho de yacer con una cabra, pero los daneses son así. Nada más hay que recordar al hasta hace poco Secretario General de la OTAN, el Gran Danés Andreas Fogh Rasmussen, al que por su raza bien le cuadra un romance con un can San Bernardo, por ejemplo).

El hecho de que Noruega, Suecia y Alemania hayan prohibido recientemente esta práctica en su territorio, ha generado que el turismo zoofílico aumente de forma alarmante en Dinamarca, por lo que se espera que en 2015 la fauna danesa pueda estar más tranquila.

Pero cuidado. Hay otros países donde practicar sexo con cerdos, perros, gallinas, ocas o animales más exóticos es todavía legal.

El bestialismo o zoofilia se tolera con absoluta normalidad en Finlandia y Hungría, donde antes era ilegal, pero algo hizo que las autoridades se plantearan derogar esa prohibición en 1994. 

Y ese algo lo dejo en el aire para que cada cual saque sus propias conclusiones.

Que conste que me parece menos grave “hacértelo con un chimpancé” que torturar a un toro hasta la muerte y declarar esa bestialidad como parte del Patrimonio cultural de una nación.

Propongo pues a los eurodiputados que trabajen para proteger la zoofilia y llamarlo “Matrimonio cultural”. Faltaría más.

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