La justicia española está quedando en entredicho desde hace muchos años, no sólo por los casos de politización flagrante del referendo en Cataluña, que ha generado el encarcelamiento de casi todo el gobierno de aquella nación y sus líderes sociales o por los continuos procesos y denuncias contra artistas y cómicos, sino también por las muchas condenas que el régimen español viene recibiendo desde el TDH de Estrasburgo, en las que se certificaba las violaciones constantes de esa justicia sobre los derechos humanos.

Los dos principales responsables de que esa situación perviva en el tiempo, son los ministros Rafael Catalá (Justicia) y Juan Ignacio Zoido (Interior), cuya más reciente sandez radica en calificar como delito de “violencia verbal o sonora” los pitidos y silbidos al himno nacional.

Hace menos de un año, Catalá fue reprobado como Ministro de Justicia por el Congreso de los Diputados, como consecuencia de las maniobras que se produjeron en el seno del ministerio fiscal, dirigidas a obstaculizar determinadas causas judiciales contra la corrupción “pepera” y de las propias actuaciones del Catalá en relación con estas causas.

Esto le convierte además, en el primer ministro de la democracia reprendido en las Cortes españolas, junto al entonces Fiscal General del Estado José Manuel Maza (fallecido) y el Fiscal Jefe Anticorrupción, Manuel Moix, ejemplo de todo, menos de honestidad y deontología profesional.

¿Por qué digo esto? Porque Moix trató de impedir uno de los registros de la operación contra el ex presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, sucesor de Esperanza Aguirre, que fue detenido en Abril de 2017 dentro del marco de un operativo judicial coordinado por Eloy Velasco, magistrado de la Audiencia Nacional.

Respecto a Catalá, cabe recordar unas frases de Ignacio González, con las que definía el grado de confianza que decía mantener con el todavía hoy ministro de Justicia: “…Yo no me corto en decirle a Rafa [Catalá]: ‘Oye Rafa…’. ¿Sabes? El aparato del Estado y los medios de comunicación van aparte: o los tienes controlados o estás muerto“.

Hace unas horas, Catalá comparecía una vez más ante los medios, tratando de minimizar los varapalos que las justicias alemana y belga (y pronto las del Reino Unido y Suiza) han propinado al régimen neofranquista español, desmontando los delirantes autos del juez prevaricador Pablo Llarena, quien sigue descargando su ira ultraderechista, que no la verdadera justicia, contra algunos/as de los protagonistas del referendo de independencia en Cataluña.

Claro que, sabiendo que la carrera profesional de Catalá se ha desarrollado en empresas como Aena o Codere (dedicada a explotar el sector del juego), comprendemos mejor la inutilidad de este personaje, como Zoido, para ocupar unas carteras como las de Justicia e Interior.

En los próximos días se podrá asistir a nuevas y patéticas actuaciones de este dúo, que sigue protagonizando los ridículos más célebres ante la justicia europea.

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