El cambio de actitud de los presos políticos catalanes no ha pasado desapercibido. Al contrario. Es evidente que en las últimas visitas a Llarena la mayor parte han tenido una actitud muy distinta a la que vimos los primeros días.

Ahora, en lugar de arrepentimiento hay defensa de los propios principios, y en vez de remordimiento por lo que pasó, hay orgullo. Es un cambio muy grande, pues, y muy significativo. Y alentador.

Seguramente responde a múltiples razones. La constatación de que no sirve de nada arrepentirse, ya es imposible pasarlo por alto.

Ni jurando la Constitución española con la máxima solemnidad saldrían de la cárcel. Pero no creo que sea sólo eso.

Evidentemente, la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein sobre el presidente Puigdemont ha sido un revulsivo muy notable.

La ficción construida por los tribunales españoles ha caído estrepitosamente y esto, aparte del impacto sobre la causa misma, forja un relato diferente y una visión distinta de la situación.

En esa línea, las medidas cautelares de la ONU en favor de Jordi Sánchez es claro que también alteran, muy positivamente, el guión. Llarena aparece ahora como un hombre acorralado que ha perdido los estribos.

La sorprendente, e intempestiva, demanda que hizo ayer contra Montoro, pone de relieve que la situación ya se ha descontrolado. No tenía necesidad de hacer pública su demanda urgente de información.

Si hubiera querido, podría obtenerla por los canales más discretos posibles. Pero es que Llarena, ahora, parece que busca un enfrentamiento con el gobierno español, un enfrentamiento que ya es más político que judicial.

La extrema derecha lo aclama como probable presidente y el gobierno español comienza a desesperarse por el ridículo internacional.

Insultar a Alemania en un auto judicial no parece nada sensato, precisamente. Intentar hacer tragar a los fiscales germanos que hay una prueba secreta que no pueden ver, pero que se han de creer, no es tampoco una estrategia que pueda calificarse de brillante.

Entre unas cosas y otras, el panorama ha cambiado mucho, pues. Y, si hace pocas semanas España parecía una roca inamovible, hoy parece más bien una pared agrietada.

Hurgar en esta grieta, y picar fuerte allí donde más duele, es aparentemente la orientación de la defensa política, vibrante, que los presos políticos han comenzado a practicar esta semana.

Sin embargo, como cabría esperar, se trasladase también al campo político, entonces el giro copernicano de la situación catalana será un hecho y las posibilidades de retomar el camino de la República, que Rajoy intentó restañar en octubre con el golpe de estado, serán una perspectiva bastante inmediata.

https://www.vilaweb.cat/noticies/la-revolta-dels-presos-editorial-vicent-partal/

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