Las raíces de la rivalidad entre el Real Madrid y el FC Barcelona son en realidad un estudio fascinante sobre la historia española de principios y mediados del siglo XX. (Activa los subtítulos en castellano)

La verdadera razón de esa competencia entre los dos clubes se debe a la posición políticamente tradicional de las dos urbes.

Madrid, como capital del estado español y la sede de la familia real, fue considerada como una ciudad en la que, después de 1939, se promovía el falangismo, el nazismo y el fascismo en todas sus vertientes para irradiarlo desde el centro del país a los cuatro puntos cardinales.

Barcelona, capital de Cataluña, fue el distrito que estuvo a la vanguardia de la era moderna en casi todas las manifestaciones sociales, políticas y culturales: literatura, pintura, arquitectura, música… y lealtad a la República.

EL MADRIDISMO SE DEMOSTRABA EXHIBIENDO LA ENSEÑA FRANQUISTA HASTA FINALES DEL SIGLO XX

La dictadura franquista estaba centrada, política y económicamente, en torno al viejo Magerit.

Por esta razón, el Real Madrid, como el equipo más exitoso de la ciudad, fue siempre el preferido de general Franco.

También por ese motivo, el dictador realizaba visitas regulares al estadio Bernabéu en las décadas de 1950 y 1960 para ver el equipo, especialmente durante el período en el que el jugador Alfredo Di Stéfano fue artífice del triunfo en las competiciones continentales, obteniendo cinco Copas de Europa consecutivas, entre 1956 y 1960.

El primer encuentro entre los dos clubs, bautizado desde la década de 1960 como “el clásico”, se produjo el 13 de mayo de 1902. El Barça ganaba el encuentro por  3-1.

Desde el final del golpe de estado militar de 1936, Cataluña combatió, con valentía y sacrificio de muchas vidas, las políticas criminales de Franco, quien mantuvo una particular ira contra la nación catalana, recurriendo a menudo a la represión, los arrestos y asesinatos, torturas y multas, para paralizar por todos los medios a un pueblo culto, rebelde y diferente, como también ocurría en el país vasco.

En aquellos durísimos años, el fútbol suponía una válvula de escape a los anhelos de la ciudadanía, convirtiéndose en una manifestación deportiva en la que las emociones de la gente llegaban hasta el césped. Toda Cataluña comenzó a apoyar al Fútbol Club Barcelona, no sólo por afición meramente lúdica, sino para demostrar que esas personas se unían en su rechazo hacia el régimen asesino del general Franco, manteniendo viva su cultura e idioma, pese a los ataques y prohibiciones habituales.

Desde entonces, El Barça se convirtió en algo ‘mès que un club’,  tanto para los catalanes como para miles de personas de tendencia progresista de buena parte del estado. Era otra forma de pelear contra el régimen y sus símbolos patrioteros.

FAVORECER AL REAL MADRID, INCLUYENDO LOS CAMBIOS DE NORMAS Y LEYES DEPORTIVAS, ERA UNA PRÁCTICA HABITUAL

El odio de los líderes de la dictadura hacia el equipo catalán fue tanto, que con la llegada a España del jugador Alfredo Di Stéfano, que se disponía a fichar por el Barcelona,  intervino el gobierno franquista para que la Federación Española de Fútbol prohibiera la firma de cualquier jugador extranjero en España.

Esto condujo a un callejón sin salida, que se resolvió cuando la Federación Española dictaminó que a Di Stéfano se le permitiría jugar cuatro años en España, dos en el Barcelona y dos en el Real.

Una solución aparentemente salomónica, pero a todas luces ilegal, que la directiva catalana rechazó de plano y el argentino acabó siendo “propiedad del Real Madrid”.

Todo ese asunto dejó más que un sabor amargo en la boca de los aficionados del FC Barcelona. Incluso en estos tiempos, en pleno siglo XXI, la animadversión de la práctica totalidad de los comentaristas deportivos hacia el Barcelona es una de las secuelas de ese “madridismo de cordón umbilical franquista” que sigue ensuciando al equipo blanco y a parte de su afición, acostumbrada aún a ondear la enseña de la dictadura ante la indiferencia policial.

El resto ya es historia aunque la suciedad permanece en las imágenes que jamás se borrarán de la memoria.

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