Un año más, Cuba festeja hoy el Día Internacional de los Trabajadores/as, dando ejemplo de cómo un pueblo culto, alegre y solidario, tiene motivos más que sobrados para celebrar esta jornada.

Ningún año falta el llamamiento a la unidad y a la hermandad con los pueblos hermanos del continente, en especial,  que siguen luchando por un salario digno, mientras los empresarios y políticos de los países “del primer mundo” se enriquecen al mismo tiempo que la población ve cómo la vida se encarece y sus salarios disminuyen.

Tampoco faltan las pancartas y eslóganes con Venezuela, Nicaragua, especialmente castigados por una derecha violenta y criminal que apoyan los gobiernos de Europa y EEUU.

Este año, con un nuevo presidente, vuelven cientos de miles de personas a desfilar por la Plaza de la Revolución, aclamando a sus líderes, acompañados por decenas de representantes de los sindicatos de varios continentes.

Cuba continúa su avance en todos los terrenos sociales, laborales, culturales, con una férrea voluntad de seguir construyendo y perfeccionado un sistema político y una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.

También se reiteran los reclamos al gobierno de los Estados Unidos para que ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero que, pese a las promesas de Barack Obama, sigue vigente, además de exigir al imperio del norte que devuelva el territorio que ocupa la base naval norteamericana en la provincia oriental de Guantánamo.

El 1º de mayo es una fiesta, un día memorable, una jornada feliz y siempre ejemplar, aquí en La Habana, en toda la isla, donde los trabajadores/as celebran esta efemérides porque son ellos quienes gobiernan.

En el mundo “civilizado”, cientos de millones de compañeros/as no tienen más remedio que salir a las calles llevando no la alegría, sino la crispación y la protesta, que generan los llamados regímenes “democráticos”. Desde Cuba, un abrazo fraternal.

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