O sea, por cojones, que diría un Llarena cualquiera. “Manda huevos“… con la salida del Supremo, que diría un Trillo con micrófono abierto.

Porque les sale a sus señorías de las calandracas (término que engloba gónadas y ovarios), se dictamina que el día del referendo se produjo una rebelión masiva y una malversación del dinero público, aunque lo nieguen las justicias belga, suiza y alemana, el ministro Montoro y los expertos del Ministerio de Hacienda del gobierno pepero.

No hay forma humana de que esa gente togada caiga de su guindo voluntario, adornado con retratos de cabras legionarias y Francos criminales, tal vez porque desde el ámbito castrense (que trabaja en la sombra desde que el genocida Caudillo entregó su alma al diablo) se oyen crujidos de Cetme,  chasquidos de sables, anatemas y blasfemias pidiendo el garrote vil para los organizadores de una consulta democrática, aunque la pena de muerte no figure en la Consti.

Sí, digo “Consti” porque es corta y le sobra la “tución”. Raquítica en sus normas pero larga en sus sinecuras y tolerancias jurídicas para con los borbones.

El rey puede hacer lo que salga de los huevos, porque es inmune a las leyes, aunque en ese libraco se afirme que todos somos iguales ante la dama de la balanza.

Y como diría Huxley, “pero unos más iguales que otros” e incluso totalmente diferentes… si son banqueros. Coño ya, que para eso se han hecho las amnistías fiscales y los indultos.

¿O es que cree el populacho que quienes viven como acaparadores de billetes son como nosotros? No jodas…

La manada bancaria puede violar todos los preceptos y robar o estafar a la ciudadanía, llevarse la guita a Suiza y abrir cuentas con el dinero de todos. Entonces nadie sale a la calle a pedir la cabeza de esa pandilla de abusadores.

Y es que la carne es la carne y la carnaza es explotable mediáticamente, es un negocio redondo, tanto que las plataformas “informativas” son capaces de llamar “alarma social” a una manifestación que rechaza una sentencia y rebelión al ejercicio democrático que supone un referendo.

Yo, que soy mujer, comprendo el enfado de mis congéneres ante la condena de 9 años de prisión contra los componentes de esa manada de violadores, que en sus juergas previas a la comisión del delito se visten de Guardia Civil.

Aunque me apuesto cien gramos de angulas a que la mayor parte de esas manifestantes no ha leído la sentencia, ni por asomo. Y les reitero mi comprensión ante ese cabreo filipino, aunque sean españolas las miles de personas que se defecan en la justicia.

Si estuvieran delante del magistrado que “tiene un problema“, según dice un eunuco mental que dice ser ministro del ramo, lo mandarían a la trena por pedir la absolución de las bestias.

Les recuerdo lo que me decía mi abuelo cuando me veía encabronada: “Elena, cariño, la indignación es emocionalmente comprensible, pero intelectualmente nula”.

Item más, ¿han dicho los medios que de los tres magistrados firmantes, uno de ellos es mujer? Parece que la inquina solo va dirigida al disidente macho. Y eso suena a feminismo malentendido.

Y termino trasladando ese enojo monumental al caso del Supremo, porque la protesta ciudadana debe surgir en todas y cada una de las medidas judiciales que supongan inequidad y parcialidad, abuso y prevaricación.

La Manada Suprema se ha lanzado a prevaricar “de libro” que diría Javier Pérez-Royo. Se han metido en una sala, han agarrado a la Ley, la han penetrado por delante y por detrás, aunque ella no ha sido capaz de protestar… porque si lo hiciere, la cosa puede ser aún peor. El estado de desecho es así.

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