El nuevo ministro de Cultura del socialismo borbónico, Maxim Huerta, aprendió a “pensar” mientras Ana Rosa Quintana le amamantaba profesionalmente como “tertuliano”.

QUIENES BLASONAN DE TOLERANCIA EN EL TEMA DE LA SEXUALIDAD, RESULTAN INQUISIDORES CUANDO SE TRATA DE IDEOLOGÍA. MAXIM HUERTA CONDENARÍA UN DESFILE DEL ORGULLO INDEPENDENTISTA CON LA MISMA VIOLENCIA VERBAL CON LA QUE EL KU KLUX KLAN ATACA A NEGROS Y HOMOSEXUALES

Las secuelas que le dejó su “trabajo” de 11 años al lado de esa derechista cum laude se muestran en todo su esplendor al leer algunos “tuits” del mentado.

Por otro lado, resulta de un descaro habitual en la política del sucialista Sánchez, recuperar un ministerio innecesario como el de Cultura, imprescindible conjunto de conocimientos, creencias y pautas de conducta de un grupo social, según definen los expertos.

Y digo innecesario porque la Cultura, su desarrollo, financiación, promoción y mimo, son competencia de las comunidades autónomas (incluyendo las naciones históricas del estado), corporaciones, ayuntamientos, etc. y no al centralismo madrileño que distingue al filibustero Sánchez.

Señor ministro: váyase, si todavía le queda un gramo de dignidad.

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