En Cataluña la quieren tanto como al cocido madrileño, el gazpacho andaluz o el botillo leonés.

Su ingenio está demostrado en cientos de entrevistas en las que llama fascistas a quienes anhelan la independencia de aquella nación o en sentencias tan ocurrentes y presuntamente ecológicas como esta: “El plástico amarillo es contaminante”.

Digo yo que también los partidos amarillos deterioran gravemente el océano político y Ciudadanos “es molt mès groc i molt més plastic que les creus i llaços grocs”. 

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