!Olè Pedro Sànchez¡. !Viva España¡. El populismo “solidario” del gobierno “socialista” enternece a Europa. El “Aquarius”, escoltado por la armada italiana, desembarcará en el puerto de Valencia. La oferta de la Ministra española de Defensa, Margarita Robles, de enviar dos fragatas, llegó a destiempo.

EL GOBIERNO FRANKENSTEIN DE PEDRO SÁNCHEZ HACE GESTOS A LA GALERÍA NO POR “SOLIDARIDAD” SINO POR PURO INTERÉS DE RÉDITO POLÍTICO. LOS MIGRANTES MARROQUÍES, MEJOR MUERTOS QUE REFUGIADOS. LA DOBLE MORAL SIGUE REINANDO EN ESPAÑA

Para el comisario europeo Dimitris Avramopoulos “Esta es la verdadera solidaridad puesta en práctica, tanto hacia este pueblo desesperado y vulnerable, como hacia los Estados miembros socios”.

El presidente de la Comunidad Valenciana, el socialista Ximo Puig, señala con el dedo a Matteo Salvini: “Sus palabras tal vez puedan lograr un puñado de votos, pero no son dignas de quienes defendemos el humanismo cristiano”.

Ni una palabra del porqué de esta diáspora, nacida de las invasiones, bombardeos y destrucción de Irak, Libia y Siria. Tres países prósperos en los que el cristianismo y el islam convivían en paz y respeto mutuo.

Tal vez por ese “humanismo” los gobiernos de Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy colaboraron con la OTAN y EEUU en las masacres y destrucciones de aquellas tres naciones del oriente medio… sin olvidar a la europea Yugoslavia.

A nadie se le escapa que la decisión de Sánchez tiene mucho más de política que de humanitaria. Una medida adoptada con la urgencia de quien quiere vender más entradas para su función, marcando la diferencia con la obra de su predecesor.

Bienvenidos al juego del “buenismo”. Un teatro político con grandes actores y actrices a quienes se ha entregado un guión sutilmente ordenado.

A finales de 2017, a pesar de los compromisos asumidos en Bruselas, España pagó solo tres millones de euros al Fondo de la UE para África. Alemania fue el segundo contribuidor con 13 millones de euros. Pero pocos recuerdan que el primer país que salió a la palestra fue Italia, que pagó 82 millones de euros.

La solidaridad española choca frontalmente con lo que sucede en sus Muros de la Vergüenza; o mejor, en sus Vallas de la Muerte de Ceuta y Melilla. Barreras de más de 20 kilómetros que marcan la frontera entre los enclaves españoles y el territorio de Marruecos.

En el medio, un alambre de púas teñidas con la sangre de los desesperados que huyen de la dictadura del sátrapa marroquí, hermanado con los Borbones y favorito de las empresas españolas que también venden armas a las dictaduras del Golfo Pérsico.

Para aquellas personas que quieren escapar del régimen de Rabat, las armas del ejército español, la policía nacional y la Guarda Civil, están listas.

El Alto Comisionado de la ONU sobre DDHH ha denunciado en varias ocasiones “las condiciones inhumanas en que se encuentran los migrantes en los centros de residencia temporal, habilitados en las dos colonias españolas desde hace decenios.

Es la otra cara de la “solidaridad”de esta monarquía que aún hiede a franquismo.

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