COMPARADO CON BORRELL, RASPUTÍN ERA UN SANTO VARÓN

El sonriente ministro de Exteriores (cuidado con ese rictus) Pepe Borrell, abandonó sus pretensiones de llegar a la presidencia del gobierno español cuando su jefe y compadre, el Padrino del Gal, fue derrotado en las urnas, tras 13 años de gobierno en el que los casos de corrupción no cesaban de salir a la luz pública: Filesa, Aller, Almenas, Malaya, Mercasevilla, Caso Guerra, Atarfe, Beniferri, Sanlúcar, Puerto Gallego, GAL, Astana, AVE, CCM y coronándose en los últimos años con los ERE de Andalucía (760 millones de euros del dinero público).

DURANTE LA ETAPA DE BORRELL COMO SECRETARIO DE ESTADO DE HACIENDA HUBO UN SINGULAR AUMENTO DEL NÚMERO DE INSPECTORES QUE “PERDONABAN” A EVASORES Y OTROS CHORIZOS, SI “SE PORTABAN BIEN CON ELLOS”

En 1996, el ganador de las elecciones era el Partido Popular, que lideraba el inefable ultraderechista vallisoletano José María Aznar, al que el Tribunal de la Haya (sospechoso “donde los haya” de connivencia con la Casa Blanca) todavía no ha sido capaz de llevar a juicio por crímenes de guerra, junto a George W.Bush y Tony Blair.

¿Por qué renunció el llamado Josep (aunque yo le nombre Pepe, dado su españolismo más cateto) haciendo mutis por el foro del anonimato, cuando sus correligionarios le auguraban un futuro brillante?

Por nada bueno, señoras y señores. La corrupción en el PP fue tan descarada, mafiosa, madurada, imparable y gestada en la práctica totalidad del estado, que los tejemanejes del PSOE y sus Corrupciones de toda ralea (1983-1996) parece que fueran inocentes sisas al dinero público, cuyo ninguneo mediático encabezaban “El País”, RTVE y las cadenas privadas a las que Felipe Galzález ayudó de todas las formas posibles.

Pese a todo, en 1999 saltaba la liebre que manchó a don Josep. la corrupción se había asentado en Hacienda

Dos de sus mejores amigos y estrechos colaboradores, Ernest de Aguiar y José María Huguet, cuando Borrell fungía como Secretario de Estado de Hacienda (de1984 a 1991), se enriquecieron de forma irregular y ocultaron al fisco sus cuantiosas ganancias.

Pero Borrell prefería perseguir a Lola Flores y no “se ocupaba” de las triquiñuelas de sus más allegados o de su propia esposa, Carolina Mayeur, a la que había conocido en un kibutz de Israel, que invertía su dinero en los proyectos de los mentados Aguiar y Huguet.

El escándalo salpicó al actual Ministro de Exteriores, que en 1999, al presentar su renuncia, con rostro serio, simulando poseer un gramo de dignidad, afirmaba con teatral pesadumbre: “La política no puede ser únicamente llegar al poder o mantenerse en el mismo”, frase rimbombante que remató con esta otra: “He dicho que soy un corredor de fondo y lo soy, pero no se trata de mantener la carrera a cualquier precio“. Yo le recuerdo otra más: “No sabía que Huguet y Aguiar evadían impuestos”.

Hoy, protegido por la flaca memoria, su singular “despiste” y su sempiterna sonrisa de quien jamás ha roto un plato, es capaz de algo tan miserable como afirmar que en Cataluña existe un enfrentamiento civil.

Y el único enfrentamiento que veo claro es el de la hipocresía y la mentira, como sus armas preferidas contra quienes respetamos el derecho a decidir.

Habrá que mirar con lupa a los amigos y colaboradores más cercanos en ese ministerio de Exteriores, donde Borrell ya ha comenzado su labor “manipuladora” solicitando y rogando entrevistas en todas las publicaciones europeas y estadounidenses, para tratar de convencer al mundo de que España es un “estado de derecho“.

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