Tras una serie de ataques, de mayor o menor gravedad pero que no habían causado víctimas mortales, el último ataque de los nacionalistas ucranianos contra un asentamiento de población romaní, en esta ocasión en la región de Lviv, en el oeste de Ucrania, se ha cobrado la primera víctima.

PARA EL 99% DE LOS MEDIOS OCCIDENTALES, LA BRUTALIDAD Y REPRESION QUE SUFRE LA POBLACIÓN EN UCRANIA, NO EXISTE

Si en anteriores casos -principalmente en los bosques de Kiev, aunque también se han producido ataques en otras zonas del país- el objetivo había sido la destrucción de los asentamientos y la expulsión de la población, en este caso la tarea de los agresores iba un paso más allá.

Según escribió en su perfil de Facebook el alcalde de Lviv, Andriy Sadoviy, los detenidos habían actuado “con el claro objetivo de matar”.

Esta oleada de ataques xenófobos, que hasta ahora habían quedado impunes, en gran medida porque los agresores formaban parte de grupos que colaboran y reciben financiación de las autoridades, ya había llamado la atención de la prensa y de las autoridades occidentales.

Como ya hicieran en casos anteriores, han exigido a Ucrania una investigación rápida y transparente.

Sin embargo, tanto en Ucrania como en Occidente, quienes prefieren culpar siempre a otros en lugar de afrontar la realidad de una creciente ola de racismo y xenofobia contra la que el Gobierno de Kiev no quiere o no puede actuar, miran hacia Rusia.

El director del SBU ya ha declarado que, pese a la ausencia de pruebas, no se puede descartar la participación rusa. Un paso más allá, el excandidato a la Casa Blanca y miembro activo del establishment demócrata Howard Dean se preguntaba, al contrario que gran parte de la prensa, que no ha dudado en condenar el ataque, si no se tratará de un caso de “desinformación rusa”.

Mientras tanto, en la región de Lviv, un hombre ha muerto y tres personas más han resultado heridas en un ataque racista reivindicado por un desconocido grupo de neonazis.

A diferencia de anteriores ataques, no está integrado en la Guardia Nacional o en las tropas del Ministerio del Interior. Puede que eso haya facilitado su detención.

Sospechosos de instigar otros ataques, como el líder del C14 Yevhen Karas, se han desmarcado del ataque aunque, de alguna forma, lo han justificado apelando a estereotipos racistas.

Consecuencias del odio racista

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