Estos días, la prensa ucraniana se ha hecho eco de las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, que, como jefe de la diplomacia, parece preocupado por las opciones culturales que eligen los ciudadanos y los medios del país.

EL RÉGIMEN NEONAZI DE POROSHENKO NUNCA ES CRITICADO POR LOS MEDIOS EUROPEOS, PESE A LAS CONTINUOS RECORTES A LOS DERECHOS CIVILES, LAS PROHIBICIONES EN EL MUNDO DE LA CULTURA (VETANDO LAS CANCIONES DE VLADIMIR VISOTSKY) Y SIN OLVIDAR LAS AGRESIONES CRIMINALES EN DONBASS

Como ya ha ocurrido en otras ocasiones -por ejemplo, cuando los ucranianos han recordado el cumpleaños del cantante soviético Vladimir Visotsky o han cantado canciones de Viktor Tsoi-, las autoridades ucranianas se lamentan una vez más de que la ruptura con el pasado soviético no sea completa.

Aunque la semana pasada Petro Poroshenko volvía a utilizar su frase favorita, la que afirma que sus últimos actos suponen la ruptura definitiva con el yugo soviético, la realidad sigue desmintiendo a los deseos de las autoridades ucranianas.

Triste por la emisión de películas soviéticas en la televisión ucraniana a pesar de los repetidos intentos de promocionar producción ucraniana y eliminar completamente productos culturales rusos y soviéticos, Klimkin mostró sus deseos para este 2019 recién estrenado: que los ucranianos sean menos soviéticos.

Por el momento, los deseos se han topado con la tozuda realidad de que la población ucraniana no desea romper con su pasado ni con su cultura, así que Klimkin propone también medidas que dificulten las comunicaciones, en este caso personales, entre los ucranianos y los rusos.

A falta de ese gran muro que prometió Yatseniuk, Klimkin propone prohibiciones.