ADOLFO HITLER FUE UN ALUMNO AVENTAJADO DEL PRESIDENTE FRANKLIN DELANO ROOSEVELT, AUNQUE LOS LIBROS DE HISTORIA NO LO QUIERAN RECONOCER

Una de las medidas más ocultas en los anales de la historia política y social del imperio de los EEUU de Norteamérica,  fue la práctica de la eugenesia y otras armas imaginables de control genético que el lector pueda deducir, cuyo único objetivo era “mejorar la raza”.

De esa forma, los gobiernos “democráticos” de quienes derrotaron a los esclavistas del Sur, eliminaron paulatinamente cualquier presunto rasgo de “imperfección” psicológica o étnica, para no solo asegurar una natalidad mayoritariamente “blanca” e inteligente, sino impedir la proliferación de seres “débiles” y de raíces originarias.

Hitler se inspiró en esa estrategia poco antes de ser elegido ministro de Interior de Alemania, tras las elecciones en 1930 y tres años más tarde llegar a canciller.

Tras el conocido incendio del Parlamento germano (Reichstag), el partido nazi comenzó a suspender las libertades civiles y a eliminar a la oposición política. Los comunistas quedaron excluidos del juego democrático, algo que agradó sobremanera al entonces presidente de los EEUU, Franklin D.Roosevelt.

El 24 de marzo de 1933 se aprobó la Ley Habilitante que dio a Hitler plenos poderes «temporalmente». Esta ley le otorgaba la libertad de actuar sin consentimiento parlamentario e incluso sin limitaciones constitucionales, mientras se calcaba parte del programa eugenésico del imperio estadounidense.

Porque fue allí, tras el final de la I Guerra Mundial (1918), donde se puso en marcha el programa de esterilización, que planteaba la posibilidad de “mejorar” la especie humana, a través de un supuesto perfeccionamiento de las características genéticas.

No obstante, cuatro años antes, es decir, al comienzo del conflicto, se había hecho público un modelo de Ley que autorizaba aplicar ese procedimiento a las personas “socialmente inadecuadas“.

Esa “marca” se grabó, casi sin control, en los cuerpos de los llamados “débiles mentales”, psicópatas, criminales, epilépticos, alcohólicos, drogadictos, deformes, ¡huérfanos!, vagabundos y mendigos, según la lista.

Tal vez Hitler, que en esa fecha cumplía 24 años, echara de menos en el listado a los judíos, que sin embargo en los EEUU constituían una comunidad próspera, gracias a los oficios del Comité Judío Americano de Distribución Conjunta, una organización humanitaria con sede en Nueva York, fundada precisamente en el año 1914 y hoy presente y activa en más de 90 países.

El programa eugenésico fue calcado en la Alemania nazi, como recogió el escritor y columnista estadounidense Edwin Black, autor de “La guerra contra los débiles”, donde se puntualizan los detalles de tan espeluznante medida de control humano.

Al respecto, señalemos que una de las leyes pioneras y más radicales, basadas en ese modelo, fue implementada en Virginia, a partir de 1924. Bajo las leyes por las que se regía el “Acta de Esterilización Forzada“, se realizaron miles de operaciones para impedir a esas personas que desarrollaran su capacidad de procreación.

Y fue precisamente en Virginia donde nació tal práctica y desde donde se propagó al resto de los estados de la república. En 1927 la Corte Suprema de EE.UU. fallaba, en última instancia, aceptando la esterilización forzosa, vigente por más de cinco décadas.

Una reciente investigación apunta que en California -donde se practicaron un tercio de las más de 60.000 esterilizaciones que se calcula ocurrieron en todo el país hasta los años ’70- la población de origen hispano fue sometida a este tipo de procedimientos a un nivel “desproporcionadamente alto“.

Según el estudio, elaborado por Alexandra Minna, profesora de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan, y la estudiante de postgrado Natalie Lira, se calcula que en las instituciones psiquiátricas y las “casas para débiles mentales” californianas, un 25% los cerca de 20.000 pacientes esterilizados eran latinos, siendo la mayoría mujeres de origen mexicano.

TAL VEZ PAREZCA UN MENSAJE ANTIGUO Y OBSOLETO, PERO EN LOS EEUU DE NORTEAMÉRICA SIGUE VIGENTE, AUNQUE EN SEMICLANDESTINIDAD

Tras el llamado Juicio de Nuremberg, las leyes que permitían tales castraciones fueron paulatinamente derogadas, aunque se mantuvieran en la clandestinidad contra inmigrantes de origen latinoamericano hasta bien entrada la década de 1990, aunque realizadas mayoritariamente merced al chantaje laboral: si querían trabajar, deberían aceptar la esterilización.

En total, 33 Estados de la Unión han reconocido que llevaron a cabo programas de esterilización durante el siglo XX, implementados “como solución a la miseria y la pobreza”.

Así, se estimó que el 80% de la población reclusa y el 50% de la militar padecían debilidad mental, y que sólo en Nueva York habitaban 200.000 retrasados mentales.

Con este breve recordatorio sobre las indudables raíces nazis de la política estadounidense, aprobando medidas tan repugnantes como aquellas, a través de organismos financiados por millonarios y científicos sin un gramo de ética personal, me pregunto si las generaciones “milenial” conocerán esta faceta oculta de la “democracia” estadounidense, todavía eclipsada por los millones de documentales que existen sobre los desmanes del III Reich.

Hitler tuvo un maestro: fue Franklin D.Roosevelt, presidente de los EEUU desde 1933 hasta 1945.

Hoy, los Bolsonaros, Duques, Piñeras, Guaidós, Abascales, Casados, Riveras, Valls, Johnsons, etc. aprenden de las “lecciones” de Donald Trump.

Los tiempos no han cambiado tanto.