Quienes tenemos la fortuna de conocer Cuba y haber entablado amistades fraternales con decenas o cientos de sus habitantes, no solo en la capital de la república, que sigue celebrando su aniversario número 500, sino en otras villas como Santiago, Villa Clara, Morón, Pinar del Río o Camagüey, sabemos de la exquisita amabilidad y buenos modales que muestra la práctica totalidad de su población para con quien visita la isla más justa, culta, pacífica, democrática y solidaria del globo terráqueo.

Una ciudadanía que lleva resistiendo más de 60 años de bloqueo criminal, cuyo gobierno revolucionario, pese a las carencias del embargo, continúa mimando la sanidad y la educación, gratuitas y universales, la cultura, el deporte, la pequeña y mediana empresa, el trabajo estatal o el autónomo, y sigue dando lecciones de simpatía, confianza y serenidad ante cualquier ciclón, sea o no un meteoro.

No importa si llega a la Habana un amigo o un personaje crítico con el sistema político que nació de una revolución sólida y popular. El recibimiento es cálido, sincero y abierto.

Felipe de Borbón y su esposa, Letizia Ortiz, llegaron a Cuba en la que significaba la primera vez que un jefe de estado español visitaba oficialmente ese territorio caribeño, por lo que el presidente Díaz Canel y su gobierno en pleno celebraron numerosos actos en honor de los visitantes, a quienes acompañaban algunos empresarios, como es habitual cuando se trata de esta clase de invitaciones al más alto nivel.

Sin embargo, el espíritu colonialista de los Borbones nunca olvidó la pérdida de sus posesiones ultramarinas (Puerto Rico, Cuba y las islas Filipinas), por lo que la actitud de Felipe y su esposa no fue sino de amable hieratismo, sonrisa forzada y alguna perorata grandilocuente.

FELIPE DE BORBÓN CARECE DE LA MÍNIMA DIGNIDAD CUANDO SE TOPA CON UN PERSONAJE, PODEROSO PERO INFAME, A QUIEN NO LE HABLA DE DERECHOS HUMANOS O DEMOCRACIA PORQUE LE TEMBLARÍAN LAS PIERNAS

Sin embargo el fantoche pelotillero con apellido criminal, en su viaje a los EEUU (que aún aplasta al pueblo puertorriqueño), visitando al presidente Donald Trump, todo fueron abrazos, carcajadas mutuas, parabienes y apretones de mano al actual representante del estado norteamericanio, aquel que derrotó a los ejércitos españoles en guerras relámpago, para luego ocupar y expoliar, desde 1898, las últimas colonias de ultramar.

Solo el heroico pueblo cubano se liberó de la bota yanqui en un glorioso 1º de enero de 1959. Ojalá Puerto Rico (hoy arruinado por su carcelero) pueda lograr su libertad e independencia.

Parece que Felipe no perdona a quien lucha y derrota al agresor imperialista, a quienes decidieron romper sus cadenas y recuperar la soberanía, condenando la rebelión pero elogiando al ladrón y al explotador, ya fuera en Cuba o Venezuela.

¿Acaso ignora el Borbón (no me extrañaría) que fue el gobierno de los EE.UU. de Norteamérica el que acusó al primer ministro español, Práxedes Mateo Sagasta, y de paso a la regente María Cristina de Habsgurgo (madre de Alfonso XIII)  del hundimiento del acorazado estadounidense “Maine”, el martes 15 de Febrero de 1898, atracado en el puerto de La Habana y declaró la guerra a España?

LA EXPLOSIÓN DE UNA DE LAS CALDERAS DEL ACORAZADO CAUSÓ LA MUERTE DE LAS TRES CUARTAS PARTES DE LA TRIPULACIÓN DEL “MAINE”, ORIGINADA POR UNA CARGA DE DINAMITA, COLOCADA POR AGENTES DEL GOBIERNO DEL PRESIDENTE WILLIAMS MC KINLEY, PARA DESENCADENAR LA GUERRA CON ESPAÑA.

Con el tiempo se supo que aquello fue un atentado de “falsa bandera”, estrategia preferida por la Casa Blanca a la hora de invadir y despojar a un estado de sus riquezas; unos métodos siniestros que sigue perpetrando incluso hoy en día, ya  sea en Trípoli, Damasco, París o Barcelona, gracias a sus mercenarios de los Cascos Blancos, Al Qaeda, Al Nusra, Isis y Hermanos Musulmanes, diseminados por todo el  mundo.

Felipe de Borbón quiso dejar su huella “disidente” en la Habana, largando una perorata en la que incluyó innecesarias menciones a los derechos humanos y a la democracia. Y me pregunto:

¿De qué derechos humanos y de qué poder popular puede hablar este fantoche? ¿Acaso tiene altura moral para mentarlos, cuando su Constitución es heredera del franquismo, permitiendo que él mismo pueda delinquir, como su padre, sin que la justicia pueda procesarle?

¿De qué derechos humanos blasona esa monarquía, cuando sus gobiernos han sido condenados en decenas de ocasiones por el Tribunal de Estrasburgo, por torturas y malos tratos?

¿Cuáles son los derechos humanos que se respetan en España, cuando se expulsa de sus hogares a miles de personas anualmente?

¿Qué derechos son los que detentan millones de parados/as o aquellos que son obligados a firmar contratos temporales, pero no fijos?

¿De qué le sirven esos derechos humanos a los miles de ciudadanos golpeados salvajemente por los cuerpos policiales, cuando manifiestan su fe en la democracia, votando en un referendo?

¿A qué derechos se refiere?¿A la reforma laboral de Mariano Rajoy? ¿A la ley Mordaza? ¿A los que no tienen acceso los presos políticos catalanes?¿A los derechos que castra su justicia politizada?

¿De qué democracia habla este descendiente de una ralea de criminales, cuando aún se vitorea al nazifascista Francisco Franco y se subvenciona a quienes le ensalzan en público y en privado?

Desde estas páginas, no puedo por menos que lamentar la hipocresía del personaje en cuestión y repetir al pueblo cubano que somos millones los que admiramos y amamos de verdad al pueblo de la isla más culta, democrática, valiente y solidaria del globo.

Aquí seguimos en combate para derribar una monarquía que se burla de la democracia y los derechos humanos.