El ex general de la Armada española Agustín Rosety, ahora diputado de Vox, amenazó hace unos días al Ministro Principal de Gibraltar, Fabián Picardo, soltando esta breve frase: “Ve preparándote“.

Tal vez el ex marino imaginaba un asalto a la Roca en plan Isla Perejil, una de las últimas y “heroicas batallas” del ejército español en la que se derrotó a un ciudadano árabe y a sus doce ovejas, que habían “ocupado” aquel lugar.

Las declaraciones del ex militar (que a buen seguro firmarían miles de profesionales de las Fuerzas Armadas borbónicas) han reabierto las tensiones diplomáticas, después de que, hace unas semanas, el líder de Vox, Santiago Abascal, propusiera cerrar la verja, porque la Justicia escocesa había decretado la libertad sin fianza a la consellera catalana Clara Ponsatí.

Tanto el ex general, como Ortega Smith y el ignorante barbado Abascal, parecen desconocer voluntariamente que Ponsatí deberá presentarse nuevamente ante esa corte escocesa el próximo 12 de diciembre, fecha en la que los jueces de aquella nación decidirán si cumplen la euro-orden o rechazan los cargos por los que el Supremo quiere procesar a la Catedrática de Economía de la universidad Saint Andrews.

Según Abascal y sus mesnadas falangistas (promocionados no solo por La Razón y el ABC, sino gracias a cadenas de TV como La Secta o profesionales de la idiotez, como Ana Rosa Quintana y Pablo Motos), las decisiones de los tribunales europeos que pongan en tela de juicio las aberrantes sentencias de la Audiencia Nazional, el Supremo y el Constucional, sobre las personas reclamadas por la injusticia borbónica que se hallan en el exilio, deben ser motivo de amenazas e intimidaciones, que creo no comparten millones de personas, pero sobre todo, los quince mil trabajadores que cada día cruzan la verja para ganar un sueldo que les permita sobrevivir, máxime cuando el Brexit puede causarles graves problemas para continuar manteniendo su empleo.

La cobardía de VOX y sus líderes se demuestra en el hecho de que no son capaces de arrojar esas amenazas a la cara de los tribunales belgas o escoceses, o a la del premier británico Boris Johnson o a la Reina de Inglaterra, sino a un funcionario como Picardo, avalado por la ciudadanía del Peñón y por las autoridades del Reino Unido, que mantiene su cargo de Ministro Principal de la colonia gibraltareña.

Aún sabiendo que Gibraltar es un paraíso fiscal, habría que recordar, a quienes lo ignoren, el contenido del acuerdo entre los reinos de España y Gran Bretaña, que en el artículo X del Tratado de Utrech, firmado en 1713 por ambos estados, se dice textualmente:

“La ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas» serán propiedad a perpetuidad de la Corona Británica en territorio de jurisdicción española, debiendo retornar a España si el Reino Unido renunciase o enajenase de alguna manera dicha propiedad”.

Otra fórmula para “recuperar democráticamente el 50% de la soberanía de la colonia“, queda en manos de los ciudadanos residentes, quienes sí han podido celebrar varios referendos (el último se realizó el 7 de Noviembre de 2002), sin represión por parte de los “bobbies”, para aceptar o rechazar esta propuesta:

“¿Aprueba el principio de que el Reino Unido y España deben compartir la soberanía sobre Gibraltar?”

El resultado fue terrible para el gobierno español


Tras el varapalo, Peter Caruana, el Ministro principal de Gibraltar, dijo sobre el resultado:

Se ha enviado un mensaje claro al mundo. El resultado refleja la voluntad del pueblo de Gibraltar. El concepto de soberanía compartida es un callejón sin salida“.

Ana Palacio, que en ese año desempeñaba el cargo de Ministra de Asuntos Exteriores, declaró (como haría el injerencista Borrell) que “ese referendo es ilegal”. Y se quedó tan pancha.

Fue incapaz de reflexionar sobre el resultado de la consulta, que dejaba un mensaje claro: Si en España se respetaran los derechos humanos, existiera la separaciónde poderes y hubiese un sistema verdaderamente democrático, el referendo hubiera tenido más votos afirmativos.

Sin embargo, el Gobierno del Reino Unido lanzó una andanada que heló la sangre de los patriotas, capaces de centrar su pasión en una Roca, mientras mantienen las colonias castrenses de Ceuta y Melilla sin sonrojarse.

El mensaje britànico decía: “Jamás llegaremos a un acuerdo con el gobierno español sobre la soberanía de Gibraltar, sin contar con los habitantes del territorio“.

Nadie puede discutir que, geográficamente, esa roca se encuentra en España. Pero la astucia de la Pérfida Albion ha mantenido su dominio del Peñón gracias a la  guerra de sucesión en el muladar de la monarquía española, que tuvo como causa fundamental la muerte sin descendencia de Carlos II de España, último representante de la Casa de Habsburgo, dejando como principal consecuencia la instauración de la Casa de los Borbones de los Cojones en el trono de España. Hijo de Satanás.

Una lacra que padecemos desde que el dictador y criminal Francisco Franco nombró a Juan Carlos como su sucesor, a título de Rey.

Y es lo que yo digo: La culpa de todo la tiene la monarquía. Viva la República.