MICHEL ONFRAY, COHERENCIA Y SINCERIDAD ANTE TODO

Soy un hombre de izquierdas de la vieja escuela, de esa época en que la izquierda trabajaba en favor de un pueblo, que formaba comunidad y no una explosión de tribus en el más cruel de los comunitarismos.

La izquierda de la derecha, la liberal, creada por Mitterrand en 1983 para llenar el vacío ideológico consecutivo a su abandono del socialismo, hizo una corta escala hacia el capital, el que acompañaba todas las acciones punitivas de los norteamericanos en el planeta (especialmente, en los países musulmanes donde la umma, el conjunto de creyentes musulmanes del mundo, lo recuerda con frecuencia), transformando a los crápulas en héroes, celebrando el éxito social en la medida de la fortuna acumulada en el banco, transformando la cultura en un artilugio, dando el visto bueno a la teocracia musulmana, validando el neocolonialismo bajo el pretexto del derecho de injerencia.

Ser de izquierdas, y por tanto progresista, se ha convertido en una celebración del capital, en hacer la guerra detrás de los neoconservadores norteamericanos, en hacer la genuflexión ante los crápulas, en sacrificarse al Becerro de Oro, en transformar la cultura en un producto, en encontrar el camino de la iglesia, siempre que ésta sea coránica.

Sigo siendo de izquierdas, pero ya no pertenezco a ese tipo de progresismo.

Mi izquierda de la vieja escuela es aquella que no ha sacrificado a los obreros y los campesinos, a los pobres y a los humildes, la gente de a pie, a las víctimas del liberalismo del Estado y de Maastricht, a los desempleados y a los jóvenes sin empleo, a los trabajadores y a los proletarios, como se decía antes, a las mujeres desamparadas o maltratadas, al ateísmo y al derecho de los pueblos a disponer de sí mismos.

¿Conservador? Sí, si queremos decirlo de esta forma. Porque el progreso no es un fin en sí mismo. El cáncer, desgraciadamente, también hace progresos en los enfermos.

Si continuamos con la metáfora: yo prefiero conservar la salud… Porque, en estos tiempos nihilistas, el progreso es el progreso del nihilismo.

Digamos, ya que buscamos etiquetas, que soy un anarquista-conservador ‒pero la palabra “socialismo” no me asusta lo más mínimo…

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NOTA DEL ADMINISTRADOR.- Michel Onfray es un filósofo francés con cerca de 100 obras publicadas en las que formula un proyecto hedonista, ético y ateo. Fue fundador de la Universidad Popular de Caen.​ Es un nietzscheano declarado y lo confiesa abiertamente en sus textos. Cree que no hay filosofía sin psicología, sin sociología, ni ciencias.