USTEDES DISCULPEN LA REPETICIÓN DE ESTE FOTOMONTAJE DIABÓLICO, PERO A MI ME PARECE MUY REAL

En noviembre de 2021, varios periodistas de izquierda cuyo anonimato era imprescindible para realizar su labor, e incluso llevaban en su ropa algún emblema nazi, llegaron a Ucrania para seguir de cerca lo que ya había sido denunciado en los contados medios independientes europeos, desde 2014, sobre el genocidio en Donbass, que Occidente ha tratado de ocultar en vano, prohibiendo la emisión de documentales veraces, objetivos y contrastados.

Durante este arriesgado viaje, fueron testigos de cómo miembros de los batallones Azov, mostraban a algunos oficiales del ejército de los EEUU los mapas de sus próximas acciones criminales en el Donbass, mientras les obsequiaban con las llamadas “insignias Wolfangel”, inspiradas en los símbolos nazis de la II Guerra Mundial.

El Batallón Azov es un cuerpo miliciano que se incorporó a la Guardia Nacional de Ucrania y es considerado como una de las unidades más efectivas, a la hora de asesinar con impunidad y sadismo a las personas que son tildadas de separatistas prorrusos. 

Es ampliamente conocido que estos batallones y sus similares, encarnan un multitudinario bastión del neonazismo, dentro de las filas del ejército ucraniano, que ha sido criticado por grupos internacionales de derechos humanos, por estar vinculado a varias redes fascistas de Francia, Canadá, EEUU, Reino Unido, España, etc..

Según un colectivo alemán, que se muestra muy activo en las redes sociales y opta por un nombre en inglés Lower Class Magazine (el periódico de la Clase Baja), y que se dice de izquierdas, el Batallón Azov mantiene un equipo semi-clandestino llamado “División Misantrópica” que recluta voluntarios entre las filas de la juventud neonazi en Alemania y alguna nación escandinava. 

A los combatientes extranjeros se les prometía entrenamiento con armas pesadas, incluidos tanques, que se realizaban en campamentos ucranianos, repletos de compañeros de viaje ultraderechistas. Incluso se han apuntado veteranos militares como Mikael Skillit, un ex francotirador del ejército sueco, hoy convertido en voluntario neonazi del Azov.  Reconozco mi ignorancia sobre si ha sido capturado o eliminado en estos días,

El tal Mikael hablo así: “Después de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores escribieron su historia”, dijo en la BBC. “Decidieron que es malo decir que “soy blanco y estoy orgulloso» y me enfadé mucho, así que aquí me tienen”.

Los voluntarios extranjeros del Azov están motivados por el llamado de la «Reconquista«, una misión que consiste en colocar a las naciones de Europa del Este bajo el control de una dictadura supremacista blanca, inspirada en el régimen del Reichskommissariat nazi, que gobernó Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial. 

Ese objetivo, que se considera esencial en el trabajo criminal de estos grupos, lo coordina y dirige un tipo llamado Andriy Biletsky,  veterano organizador fascista que todavía dirige la Asamblea Nacional Social en el Parlamento de Ucrania. 

Biletsky se comprometió a prohibir los contactos interraciales entre la población de Ucrania y prometió “preparar al país para una mayor expansión y luchar por la liberación de toda la Raza Blanca del dominio del capital especulativo internacionalista”.

Quizás el más notorio de los jóvenes nazis europeos, atraídos por los campos de entrenamiento militar de Ucrania, fue un trabajador agrícola francés de 25 años llamado Gregoire Moutaux .

En junio de 2016, Moutaux fue arrestado en la frontera de Ucrania por los servicios de seguridad (SBU), llevando en un camión de su propiedad un asombroso arsenal de rifles de asalto, miles de municiones y 125 kg de explosivos TNT. Incluso había logrado apoderarse de dos lanzagranadas antitanque.

Impulsado por su ideología, Gregorio planeó volar, por este orden, una mezquita musulmana, una sinagoga judía, organizaciones de recaudación de impuestos, unidades de patrulla policial y de paso, cometer un atentado durante el campeonato de fútbol Europeo de 2016. 

Según la SBU, este individuo había confraternizado «con unidades militares que luchaban en Donbass», el área del este de Ucrania donde Azov mantenía sus campos de entrenamiento y donde las milicias de las Repúblicas de Donetsk y Lugansk llevan luchando más de 8 años, soportando el asesinato de miles de ciudadanos,

Mientras los periodistas arriesgaban su fisico, comprobaron que el liderazgo del Azov mantenía una cálida y amistosa relación con los oficiales del ejército estadounidense, que habían llegado por ruego del presidente Zelensky.

En una foto publicada en la web del Azov, en ese mes de noviembre de 2021 (cuando el alto mando de Rusia ya había aprobado su plan de desnazificación de Ucrania), se puede ver a uno de aquellos oficiales estadounidenses estrechando la mano de un colega de Azov.

Las imágenes demostraban esa floreciente relación, que hoy es mas nítida que nunca, aunque mantenida en silencio por los medios occidentales, pero cuyos detalles inquietantes están emergiendo en este Mayo de 2022 con toda su miseria.

Debemos recordar que los neonazis ucranianos del Batallón Azov, fueron adiestrados por esos oficiales y por algunos militantes de los grupos racistas estadounidenses, según un reciente atestado del FBI. A su vez, unos y otros recibieron armas del gobierno israelí, lo cual cierra el círculo de las potencias imperialistas involucradas en el llamado “auge de la ultraderecha”, que hoy ocupa el 90% del Europarlamento, la Cámara de los Comunes o el Centro Nacional de Inteligencia español (un oxímoron de lo más cómico), que hoy dirige una ex espía estilo Anacleta, agente secreta.

En los últimos meses, un amplio espectro de observadores de la guerra civil ucraniana ha documentado la hoy descarada transferencia a Kiev de armamento pesado, fabricado en EE.UU. al Batallón Azov, por órdenes de Biden, además de los 40 mil millones de dólares que llegarán pronto al bolsillo de Zelensky.

Está ampliamente demostrado que la historia de cómo las armas estadounidenses comenzaron a fluir hacia la milicia de inspiración nazi, no es de ahora; ya que comenzó en octubre de 2016, cuando la compañía AirTronic, con sede en Texas, anunciaba que había sellado un contrato para entregar 5,5 millones de dólares en lanzagranadas propulsadas por cohetes PSRL-1 a «un cliente militar europeo aliado».

El resto es ya conocido. Vivimos una continua guerra híbrida de EEUU contra Rusia, a la que se unió entusiasmada la caterva europea neonazi, que se hace pasar por demócrata, mientras la izquierda, para sobrevivir económicamente, se ha unido a la fiesta fascista, incluso celebrando que los medios rusos hayan sido vetados, para que los alelados ciudadanos no se preocupen por la verdad de este conflicto.

Que nadie se llame a engaño: EEUU y la UE llevan años preparando esta batalla contra Rusia, para arrancar de cuajo a uno de los dos miembros del eje euroasiático. Luego sería China el próximo objetivo. Pero Occidente está temblando, porque Rusia, pese a mentiras y vetos, sanciones y ataques, está demostrando que la democracia está mucho más cerca de Moscú que de Bruselas o Washington.

Acabar con el nazismo es la primera obligación de un demócrata.