¿Qué podría esperar Venezuela del presidente argentino Alberto Fernández? Ya suman dos meses desde que el sistema judicial del país sureño retiene un avión de carga Boeing 747 Dreamliner perteneciente a Emtrasur, filial de carga de Conviasa.

Desde el inicio del caso -del todo irregular- se le han buscado no cinco sino las cien patas al gato. Se ha tratado de mostrar la nave como un peligroso instrumento del eje Teherán-Caracas. Se revisaron fuselaje, butacas y tornillos; tripulantes, nacionalidades, pasaportes, celulares, actas de nacimiento y últimos alimentos digeridos. Los servicios secretos y no tan secretos del Estados Unidos y del estado nazi genocida de Israel han alimentado el proceso con tradicionales intrigas y mentiras.

¿Y qué ha dicho la Casa Rosada? Fernández no ha opinado acerca de este tema. Y lo ha hecho con la misma facilidad con la que hace poco evitó otro delicado bulto: la injusticia con la que se ha tratado a la dirigente social Milagro Sala, quien va para 2 mil 403 días presa (y enferma) víctima de las acusaciones de un gobernador de derecha que, aunque milita en Unión Cívica Radical, actúa como macrista.

Semanas atrás este el presidente argentino hizo como Pilato, dijo que no podía indultar a Sala porque “ha sido juzgada por tribunales provinciales y quien puede indultarla es el gobernador de la provincia” .Yo no puedo hacerlo y no me pidan que haga un gesto político y que sea contradecir la Constitución. No voy a hacer esa locura”.

Por favor, si Fernández no tiene el coraje para corregir un entuerto favoreciendo la justicia, un asunto que además podría fortalecer su posición entre los movimientos de base peronistas, en una Argentina preelectoral acosada por problemas económicos, pareciera que tampoco tendrá el valor para contradecir al Departamento de Estado, hacer valer su poder y permitir que la tripulación y aeronave en cuestión regresen nuestro país.

Después de los reclamos oficiales hechos desde Caracas, el gobierno argentino ha contestado que no ve ningún incidente diplomático en puertas con Venezuela. Imagino que menos que menos tendrá en su memoria toda la ayuda que desde aquí se le prestó a Buenos Aires cuando sus finanzas estaban en absoluta bancarrota y víctima del cerco del sistema bancario internacional que se dirige desde Washington.

Alfredo Carquez Saavedra

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