Las previsiones económicas realizadas por el Banco de España describieron un escenario negativo para el país, ya que el crecimiento de la actividad será lento debido a los «vientos en contra» que afectan a la economía internacional, mientras que la inflación no se desacelerará rápidamente.

Uno de los factores que más ha contribuido a que se mantenga la inflación ha sido el desplome del consumo de los hogares, que entre enero y marzo de 2022 experimentó un descenso del 3,7%, frente al aumento del 1,5% entre octubre y diciembre el pasado año 2021.

El aumento del nivel general de precios ha erosionado el poder adquisitivo de las familias, lo que ha frenado el consumo.

Y la alimentación supone ya un enorme problema para la ciudadanía española, pese a los planes de Yolanda Díaz y Alberto Garzón para conseguir una “cesta de la compra” asequible para los millones de personas que se ubican cerca de la pobreza, pactada con los grandes supermercados.

Pero quienes no podrán siquiera sufragar ese gasto de la “cesta”, serán los 12’5 millones de ciudadanos/as, es decir, el 26,4 % de la población española, que aún se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social. Para ellos y ellas no habrá ninguna oferta alimentaria.