Desde el final de la Primera Guerra Mundial, EE.UU. logró posicionar al dólar como la unidad monetaria de la economía mundial, a lo largo del siglo XX. Sin embargo, el debilitamiento de su sistema económico, desde principios del 2001, ha puesto de manifiesto que la hegemonía de esa moneda en la economía global puede no ser sostenible a medio y largo plazo, aunque mantenga unas fuertes raíces estructurales, debido a las continuas presiones comerciales de los gobiernos del imperio estadounidense hacia sus socios europeos, latinoamericanos y asiáticos.

La perspectiva del fin de esta hegemonía en los mercados mundiales del petróleo y el gas, ha dado un paso más hacia su realización en este año, sobre todo desde el comienzo de las miles de sanciones occidentales aplicadas contra Rusia, tras el sorprendente e inteligente anuncio de que los gigantes Gazprom y el China National Petroleum Corporation (CNPC), acordaron intercambiar los pagos por los suministros de gas a rublos (RUB) y renminbis (RMB) en lugar de dólares. Un golpe sencillamente genial.

Rusia solidificaba este año aquel primer indicio del plan de Beijing, en la cumbre del G20 celebrada en Londres en abril de 2010, cuando Zhou Xiaochuan, entonces gobernador del Banco Popular de China (PBOC), señaló la idea de que el gigante asiático había decidido competir con Occidente, imponiendo una nueva moneda de reserva global.

A partir de 2022, la participación del RMB ha aumentado hasta el 12,28%, lo que China sigue considerando poco acorde con su condición de superpotencia emergente en el mundo, que en muy pocos años se convertirá en la primera potencia económica… y militar.

El ex vicepresidente ejecutivo del Banco de China, Zhang Yanling, dijo en un discurso en abril de este año, que las últimas sanciones contra Rusia «harían que Estados Unidos perdiera su credibilidad y socavarían la hegemonía del dólar a largo plazo». Sugirió además que China debería ayudar al mundo a «deshacerse de la hegemonía del dólar más pronto que tarde«, lo que sin duda ha afectado al euro, cuya paridad con la moneda estadounidense parece definitiva.