Hoy 27 de Septiembre se cumplen 47 años de los últimos fusilamientos ordenados por el criminal y dictador Francisco Franco, que con estos asesinatos dejó claro que su régimen de terror no había terminado. Los cinco ejecutados fueron nuevas víctimas del terrorismo franquista, cuyos culpables nunca fueron siquiera procesados.

Nuevamente se hace necesario el reconocimiento y el homenaje a aquellos cinco jóvenes que entregaron su vida por la libertad de todos los pueblos de España.

La muerte del criminal Franco, dos meses después del asesinato, supuso el definitivo aislamiento y condena internacional de la dictadura y la mayor oleada de manifestaciones antifascistas en toda Europa y el resto del mundo.

Cinco jóvenes: Xosé Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez-Bravo Sollas, Ramón García Sanz, Ángel Otaegui Etxeberria y Juan Paredes Manot, no se rindieron ante el régimen y entregaron su juventud a la lucha por la democracia.

Por eso pudo Xosé Humberto Baena comenzar su carta de despedida con una serenidad emocionante: “Papá, mamá: me fusilarán mañana…”, o Juan Paredes Manot “Txiki”, quiso dedicar a sus hermanos pequeños, en el reverso de una fotografía, las palabras del Ché que desde aquel 27 de septiembre figuran en su epitafio: “Mañana cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad”.

Hace falta tener siempre presente en la memoria colectiva aquel execrable crimen. El mundo condenó a Franco, pero todavía aquellas sentencia ilegítimas no han sido revisadas ni anuladas, ni quienes las dictaron, en nombre de un Régimen sangriento, han respondido por ello.

Desde la «proclamación de la democracia», los gobiernos del PPSOE torpedearon las exigencias de la justicia internacional, como la causa que abrió la jueza argentina María Servini, para que fueran extraditados, en la llamada «Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo«, diecinueve torturadores y altos cargos de la Dictadura involucrados en todo tipo de Crímenes de Lesa Humanidad.

Hoy, 47 años después las exigencias de verdad, justicia y reparación, ese reclamo sigue siendo un anhelo de todos los antifascistas del Estado español.

Aquellos cinco jóvenes asesinados representan a todos los luchadores de la última etapa del franquismo y a quienes seguimos denunciando los continuos brotes de neofascismo que surgen desde el ejército, la judicatura y los partidos españolistas, como repugnante prueba de que España es un régimen sufragista vigilado y no una democracia, y menos aún un estado de derecho.

El gobierno “progresista” español, en 2022, defiende, arma y financia a una dictadura tan criminal como la de Franco, aliándose con el nazismo ucraniano al lado de los regímenes de EEUU y de los países de la Unionazi Europea, cuyos dirigentes representan un fascismo aún más siniestro que el que pudiera exhibir la italiana Giorgia Meloni o la francesa Marine Le Pen, que comparadas con Borrell o Von del Leyen, son dos simples demócrata-cristianas.