Category: MÚSICA


EL DÍA DE LOS MISERABLES

Que pocas palabras tengo
Y las que os digo están tan gastadas …
Habrá que buscar nuevos caminos
Que no necesiten palabras.

Que poca fuerza que tengo
Tantas veces la he maltratado …
La quiero toda para mañana
Cuando la gesta traiga el amanecer.

Cuánta rabia que tengo,
Quizás hay que ser perro desde ahora,
Cuánta rabia que tengo
Y no quiero olvidarla.

Que poca esperanza tengo,
Y quizás habrá que dejarla,
Que no pase que esperar
Nos aleje más de la lucha.

Cuánta miseria que tengo
Bajo los pies, sobre el hombro,
Y la quiero guardar conmigo
Hasta el día de los miserables.



TODAVÍA RECUERDO LA ENTREVISTA QUE LE HICIERON EN RTVE EN 1976, EN LA QUE AFIRMÓ QUE “CHILE NECESITABA UN PINOCHET”

Plácido Domingo ha decidido dimitir como director general de la Ópera de Los Ángeles (California, EEUU) después de las acusaciones por acoso sexual que más de 20 mujeres hicieron contra él.

El tenorio madrileño no ha esperado al resultado de la investigación que se está llevando a cabo y, por si las moscas, ha decidido hacer mutis por el foro.

Su credibilidad ha menguado de manera considerable, máxime cuando decenas de músicos, compañeros de trabajo, operarios de teatro y otras personas relacionadas con el bel canto, corroboraron las afirmaciones de esas mujeres.

Representantes del Libro Guinness de los récords confirmaron oficialmente que durante la campaña ‘Día del himno’ se estableció un nuevo récord mundial en la categoría ‘La orquesta más grande’.

8097 miembros de grupos musicales de 85 regiones de Rusia se reunieron para interpretar el himno nacional del país en el San Petersburgo Gazprom Arena.

También señalaron que unas 20 mil personas cantaron el texto del himno más bello del mundo junto a la orquesta.

Estados Unidos de Norteamérica. Agosto de 1966. Aquí les dejamos varias fotografías y documentos de las protestas ciudadanas, impulsadas desde cientos de medios de comunicación, incitando al personal a que “quemaran a los Beatles”, tras la publicación de una frase de John Lennon, en la que afirmaba una verdad tan simple como que el grupo de Liverpool era entonces “más popular que Jesucristo”.

Una sentencia que disparó la ya centenaria xenofobia y el conservadurismo del Imperio del Crimen, incapaz de divisar el sarcasmo que encerraba aquel aserto.

Lennon se burlaba de la Mafia Mediática por haber contribuido a colocar al cuarteto en la categoría de deidades.

Esos disc jockeys parecían felices rompiendo discos e informando en directo a los jóvenes y adultos estadounidenses, tan creyentes y respetuosos con las leyes, animándoles a hacer lo mismo: arrojar ejemplares de las grabaciones del grupo a una improvisada hoguera con inequívoco aroma hitleriano.

Desde hace más de medio siglo, esa Mafia Mediática occidental, tan enfangada en la manipulación y la mentira, trató de convencer al mundo de que Cuba había prohibido a los Beatles, cuando en realidad, el veto, el odio, el rencor y la rabia contra el cuarteto tenía inscrito el cartel de “Made in USA”.

En todo ese amplio territorio fue donde se produjeron miles de programas y actos vandálicos en los que se animaba al pueblo estadounidense, no solo a prohibir las canciones de Paul, John, Ringo y George, sino a quemar todos los discos que tuvieran a mano, para arrojarlos a las improvisadas hogueras que recordaban a sus hermanas hitlerianas, en las que ardieron miles de libros durante el triunfo del nazismo.

Existen otras razones que explican por qué era sumamente complicado prohibir a los Beatles en Cuba. La primera y más evidente era la carencia absoluta de material, debido a que la compañía británica EMI no enviaba discos a los organismos de radio y TV en la isla y sí a todas las estaciones de radio de los EE.UU.

Naturalmente, hubo quienes en La Habana o Santiago, gracias a las constantes visitas de familiares residentes en el extranjero, lograron poseer algunos ejemplares que a su vez llevaron a las emisoras de radio cubanas, donde una reciente norma establecía la preponderancia de la música nacional frente a las producciones foráneas, por lo que las obras de artistas anglosajones, franceses o italianos, no sonaban con la misma frecuencia que los de Beny Moré, Omara Portuondo, Bola de Nieve o Carlos Puebla y los Tradicionales.

Pero además, la carencia de ese material extranjero era casi absoluta y el precio al que se vendía resultaba inalcanzable para un país totalmente embargado y bloqueado por EEUU y algunas naciones europeas.

Sin embargo, la música pop española inundaba las ondas, donde era habitual escuchar a Massiel, Raphael, Fórmula V, Los Diablos, Karina, Moncho, Lola Flores, Sara Montiel, Luís Gardey, Camilo Sesto y un largo etcétera.

La razón era simple: las compañías discográficas españolas facilitaban el envío de ejemplares discográficos de tales figuras, como solían hacer sus homólogas mexicanas, argentinas o brasileñas.


En España, quien firma estas líneas trabajaba en la emisora Radio Peninsular de Madrid, dependiente de Radio Nacional y a su vez del Ministerio de Información y Turismo, del que era titular el temible Manuel Fraga Iribarne, quien sin embargo profesaba cierta simpatía por el líder cubano Fidel Castro, gallego por parte de padre.

Una mañana fui llamado al despacho del director de aquel medio público, para presenciar como el funcionario en cuestión destrozaba con un punzón de acero todos y cada uno de los discos de los Beatles que tenía sobre su mesa.

Ante su sonrisa de placer, mi comentario fue breve: “Es una pena, señor Estévez, porque tendrán que comprar todos esos discos dentro de poco tiempo”.

Así sucedió, pero durante varias semanas, en todas las emisoras del país, dejaron de escucharse las canciones del cuarteto, hasta que llegó un perdón obligado, motivado también por las quejas de la compañía discográfica a la que el veto y las prohibiciones habían causado un notable perjuicio.

EN EE.UU. SE HIZO REALIDAD UNA ESCENA COMO ESTA, EN LA QUE JÓVENES ALEMANES ARROJABAN LIBROS DE KARL MARX, HEINRICH HEINE, KURT TUCHOLSKY, SIGMUND FREUD, ERIC MARIA REMARQUE Y OTROS MUCHOS

Debo señalar que Fraga enviaba en 1967 un manifiesto a todas las emisoras del país, “pidiendo a los directivos de esos medios” que hicieran lo posible para que en esas plataformas sonara diariamente un 70% de canciones en español y así proteger a los autores nacionales y latinoamericanos.

Pero lo evidente es que no fue Cuba la que vetó a los Beatles, sino los Estados Unidos de Norteamérica. Una verdad incómoda para esa Mafia Mediática, en la que el salario va unido a la mentira constante.

TIENE 88 AÑOS Y SIGUE TAN JOVEN

Si hay una canción con indiscutible aroma andaluz que haya superado la barrera del tiempo, esa es sin duda “Ojos Verdes“, nacida en 1931, año republicano por excelencia, durante un encuentro en Barcelona que tuvo como escenario el café La Granja Oriente, al que acudieron el poeta granadino Federico García Lorca, su colega sevillano Rafael de León (aunque injustamente tildado de vate menor) y el cantante malagueño Miguel de Molina, mientras Lorca pensaba en el estreno de su obra “Yerma“, que se vería por vez primera en Madrid tres años más tarde.

​Rafael de León, siempre inspirado y con el lapicero en la mano, escribía unas frases sobre el color verde en una simple servilleta, inspirándose, según cuentan, en el Romance Sonámbulo de Federico (que figuraba en el “Romancero Gitano“), cuyo argumento gira en torno a una muchacha que aguarda a su amado, que es contrabandista, y que huyó herido gravemente junto a su compadre, que no era otro que el padre de la muchacha y además pertenecía a la Guardia Civil. Ella, tras esperarlo en vano, se suicida arrojándose desde el balcón de su casa, cayendo sobre el aljibe.

​A partir de ahí, Rafael comenzó a leer sus notas a los presentes y completó la letra con su buen amigo y colega Salvador Valverde, también letrista, nacido en Buenos Aires, pero cuya familia andaluza había emigrado a Latinoamérica para regresar años después a Sevilla, cuna del excelente pianista y compositor Manuel Quiroga, que se responsabilizaría de la música de esa joya llamada “Ojos Verdes”.

En 1937, pese al levantamiento armado contra la República, fue estrenada en el teatro Infanta Isabel de Madrid, durante el segundo acto de la obra “María Magdalena“, original del trío Quintero, León y Quiroga.

En aquella ocasión, «Ojos verdes» fue interpretada por el cantante y rapsoda Rafael Nieto, pero el éxito se debió a la grabación que se editó en ese mismo año y que interpretó la valenciana Concha Piquer, aunque poco después fue Miguel de Molina quien la llevaría en su repertorio durante su largo exilio en América Latina y el éxito fue aún mayor.

Tras el final de la tragedia y hasta 1944, la canción fue víctima la censura del régimen, llegando incluso a ser prohibida su emisión por radio, obligando a Rafael de León a cambiar algunas palabras de la letra: la frase «apoyá en el quicio de la mancebía» se cambió por «apoyá en el quicio de tu casa un día».​

Pocos temas como “Ojos verdes” han tenido tantas versiones, tan personales y con diferentes ambientes sonoros, grabadas por figuras del mundo de la música, como Estellita Castro, Pedro Iturralde, Imperio de Triana, Carmen Flores, Martirio, Carlos Cano, Remedios Amaya, Pasión Vega, ​ Isabel Pantoja, Sara Montiel (en la película Carmen la de Ronda), Rocío Jurado, Montserrat Caballé, Pedro Guerra,  Diana Navarro, ​ Antonio Carmona, Laura Gallego, Nuria Fergó, ​ Miguel Poveda​ y otros/as artistas.

La canción “Honky Tonk Women“, fue escrita mientras Mick Jagger y Keith Richards pasaban las fiestas de fin de año de 1968 en Brasil.

Inspirada en los gauchos que conocieron en el rancho donde se hospedaban en Matão, São Paulo, fue concebida inicialmente como una canción de estilo campestre y ambiente acústico.

Fue grabada en dos versiones por la banda: primero la más popular, que apareció como single (pequeño formato de vinilo que contenía dos temas, uno por cada cara) y una segunda llamada «Country Honk», con letras ligeramente diferentes, incluida en el LP o álbum titulado “Let It Bleed”.

En cuanto a su temática, “Chicas de Cabaret” (traducido eufemísticamente) narra el ambiente de los bares o clubs de alterne, donde una mayoría de mujeres vivía de la prostitución.

El escenario que describe la canción se refiere a la ciudad de Memphis, en el estado de Tennessee, mientras que «Country Honk» mencionaba a Jackson, ubicada en el de Misisipi.​

Los Stones registraron el disco en Londres, a comienzos del mes de marzo de 1969, hace poco más de medio siglo, contando aún con el guitarrista y multi-instrumentista Brian Jones, quien con solo 27 años falleció pocos meses más tarde (3 de Julio), siendo por tanto su última y postrera grabación con la banda británica.​

SOBRE PLÁCIDO DOMINGO Y SUS PLACERES

Hace unas dos semanas,  la agencia AP publicaba una noticia que estremeció hasta las partes pudendas de periodistas bien pagados/as por mentir y callar, patriotas y populistas, algunos melómanos/as y el 95% de los miembros/as de la alta burguesía borbónica.

Nueve profesionales, todas mujeres, denunciaban, aunque con 30 años de retraso, que el tenor madrileño Plácido Domingo las presionó para que entablasen con él relaciones sexuales, so pena de negarles trabajo si rechazaban su propuesta.

¡¡Polla española no se folla a una sola!!… se oyó en la sede de VOX. ¡¡Horror, qué fake new!!… se escuchó en los pasillos del palacio de  Zarzuela… ¡¡Esas tías son extranjeras, zorronas y falsas!!… vociferaban en el Tribunal Supremo… ¡¡Mentira podrida!!… gritaban en las sedes del ABC, La Razón, El Mundo, El País, La Vanguardia, Tele-5, RTVE, La Secta, Antena-3… y resto de medios mendaces, pero muy españoles. ¡El honor de un tenor como Domingo no debe ponerse en duda!. Craso error.

No es que quien firma estas líneas conceda una amplia credibilidad a aquella agencia periodística, pero sí debo prestársela a las nueve denunciantes, respetando al mismo tiempo la presunción de inocencia del artista, aunque dude de esa honorabilidad que le confieren en el reino de los Borbones, expertos en abusos y acosos de toda condición.

Resulta más que probable que un divo operístico, en la cumbre de su carrera, en un momento de debilidad (llámalo ganas de intercambiar fluídos y arias en un sofá, una cama o en el baño) aprovechase su posición en el entramado de la llamada música culta (donde la corrupción es tan habitual como en el emporio del pop-rock) para echar una o nueve canas al aire, de lunes a domingo, como dice su apellido.

¡Ojo!…, también pudo refocilarse, sin utilizar la violencia, aunque cabe la posibilidad de que echara mano de sus influencias para lograr tan libidinosos propósitos.

Lo peor del caso fue la “explicación” que Plácido argumentó tras las revelaciones de las nueve mujeres: “Yo creía que todas mis interacciones y relaciones fueron siempre bienvenidas y consensuadas”, que es lo mismo que decir, sin ambages ni eufemismos: “Yo creía que mis polvos eran estupendos y ellas estaban de acuerdo“.

Pero recordemos que, además de estas nueve mujeres, otra media docena de féminas ha asegurado que las proposiciones sexuales de Domingo les hicieron sentir incómodas.

Así, una cantante dijo que le pidió varias veces salir en una cita, tras contratarla para intervenir junto a él en una serie de conciertos, en la década de 1990.

Para más inri, existen decenas de profesionales del bel canto, la danza, el ballet, músicos de orquesta, personal técnico y administradores de salas de ópera, que aseguran haber presenciado un comportamiento inapropiado por parte de Domingo, persiguiendo a mujeres más jóvenes con total impunidad.

Datos estos últimos que los medios “muy españoles” han hurtado a sus lectores y audiencias.

¿Acaso, aunque el protagonista fuera un dechado canoro, no es posible que cayera en la tentación carnal, ofreciendo sus dudosos encantos sexuales a esas damas, antes que verse en el camerino masturbándose como un onanista quinceañero?

PLÁCIDO DOMINGO RÍE FELIZ RODEADO DE VARIAS MIEMBRAS DE LAS ROCKETTES, EN EL RADIO CITY MUSIC HALL DE NUEVA YORK (NO PIENSEN MAL)

¿Debemos sospechar de esas mujeres, tras la avalancha de violaciones en manada que se producen en esta España pajillera, colocando a Plácido en el terreno de los hombres castos, puros y caballerosos, por mucho que lo cante la soprano vasca Ainoha Arteta?

Pero dejemos el sexo. Quienes somos melómanos desde la infancia, sabemos al menos distinguir una voz bien timbrada de una gran interpretación, calibrando potencia, afinación, matices y otras virtudes que debe poseer un cantante. ¿Acaso no cabe la crítica sobre una obra musical?

Recuerdo un artículo sobre el tenor en cuestión, escrito tras haber escuchado un disco suyo, dedicado a la copla española, que me provocó un estremecimiento similar al que pudiera haberme invadido si Paloma San Basilio, Sabina, Miguel Bosé, Rosalía o Alejandro Sanz, hubiesen editado un CD interpretando los grandes éxitos de Public Enemy o de los Rolling Stones.

Lo titulé: “Atentado terrorista, Plácido Domingo destroza la copla española“, que dejo aquí para cabreo de algunos/as y deleite de otros/as.

JAMÁS, EN LA HISTORIA DE UNA COMPAÑÍA DISCOGRÁFICA COMO LA DEUTSCHE GRAMMOPHON, SE HABÍA PUBLICADO UN DISCO TAN ESPANTOSO COMO EL TITULADO “PASIÓN ESPAÑOLA”

El inefable CD, auténtica obra maestra del delirio y la sinrazón artística (pero con todas las motivaciones comerciales), incluye temas tan populares como “La bien pagá”, “Ojos verdes” o “El día que yo nací“, que Domingo estrangula  en sus cuerdas vocales, aunque declara a la agencia EFE que “La copla es un género muy bonito”.

Y para poner la guinda a tan inteligente aserto, añade: “El mundo en general, quitando los países de habla hispana, desconocen la copla, por eso me interesa que les llegue y que el público que sigue mi carrera la conozca”.

Mi radicalidad es mucha, lo reconozco, pero en este siglo hay que evitar a toda costa que se altere el clima artístico del planeta.

Para los expertos, Domingo es un tenor melífluo, algo impostado, de timbre poderoso e incapaz de desafinar. Sin embargo, su voz no es espectacular ni brillante, como la del desaparecido Luciano Pavarotti, ni posee la nitidez deslumbrante de Alfredo Kraus, a quien los Tres Tenores rechazaron como compañero, porque consideraban al colega canario como “conservador” y “protegido por el franquismo”.

Lo sarcástico radica en que Plácido, entrevistado en TVE en 1977, afirmó que “Comprendía muy bien la llegada al poder del general Pinochet, porque los comunistas estaban destrozando Chile”.

En el colmo de la hipocresía, 35 años más tarde, se atrevió a cantar e interpretar el papel de Pablo Neruda, en la ópera “Il Postino” de Daniel Catán, ante el delirio del público chileno.

No olvido sus elogios a George W. Bush, frecuentes en cuantas cenas, actos y presentaciones coincidió con el genocida presidente y otros líderes del imperio.

En su discografía existen álbumes de un cierto rigor interpretativo, pero a gran distancia estética de los imprescindibles legados de Tito Schippa, Beniamino Gigli, Enrico Caruso y el mismo Kraus. Aunque lo verdaderamente insoportable son sus discos dedicados a la música popular.

La megalomanía de algunos cantantes, mimados por la fama y el dinero, radica en atreverse a lanzar a través de su garganta todas las obras que se le crucen en el camino, porque jamás, ni en su entorno, ni en los medios de comunicación, se ha puesto en duda la calidad, oportunidad y belleza de productos como los que Domingo acostumbra a editar.

Con una osadía rayana en la paranoia, el tenor se ha dedicado a lo largo de su existencia, a destripar, descuartizar y desvirtuar, canciones de orígenes variopintos. En la extensa lista de atracos canoros cometidos por Plácido, figuran barrabasadas de todos los calibres.

Comencemos por el álbum “De mi alma latina”, en el que hace añicos obras de una belleza indiscutible: “Aquellos Ojos Verdes”, “Solamente Una Vez”, “Noche de Ronda”, “Manhâ de Carnaval”, “Alfonsina y el Mar” o “Gracias a la Vida” (si Violeta Parra levantara la cabeza…).

No contento con la hazaña, el tenor edita en plan dominguero otra colección de versiones mexicanas para sádicos, que hasta hoy ningún buen aficionado ha soportado estoicamente.

El CD titulado “Cien años de Mariachi”, hubiera sido razón suficiente para que el pueblo mexicano protestara en masa, ante una interpretación plana e insípida de rancheras tan hermosas como “La Malagueña”, “Ella”, “El Jinete” o “Si Nos Dejan“.

Plácido no se detuvo en su mortífera carrera cuando, con premeditación y alevosía, cercena de cuajo todo el dramatismo del tango argentino, violando las más elementales reglas del respeto a las obras monumentales.

Joyas como “Volver”, “Caminito”, “El día que me quieras” fueron violentadas por esa voz de oro que pocos años más tarde fue capaz de salir al ruedo, emocionando a los amantes de la tortura animal, cantando el pasodoble “El Gato Montés“.

Se cuenta que un banderillero fue detenido, cuando se lanzaba sobre Plácido esgrimiendo dos palitroques punzantes.

La egolatría galopante del divo, le llevó a modelar en su inefable garganta versiones gélidas de algunas baladas de la cursilería internacional, como Love Story y Spanish Eyes. Nada que objetar.

Contratado por RTVE para un programa navideño, culminaba su oleada de desatinos musicales rememorando su Pasión por la Copla, rodeado de profesionales de la canción española y el flamenco, para dar rienda suelta a su vozarrón plano, seco, árido y exento del mínimo duende, en tanto copleros, cantaores y bailaores esbozaban una sonrisa tan falsa como obligada, ante el dechado de oportunismo, banalidad artística y descaro de aquel malaje sin gracia.

En cierta ocasión, afirmé públicamente, con motivo de una charla sobre música, canción popular y poesía, que si alguno de los allí presentes poseía alguno de esos discos no operísticos de Plácido y el contenido le causaba deleite y emoción, me veía obligado a sugerirle que tratara de educarse musicalmente durante un tiempo.

Una cosa es cantar y otra interpretar. Para lo primero solo es necesario afinar. Para lo segundo, hacer creíble una historia.

EN 1970, ELVIS SE OFRECIÓ COMO SOPLÓN AL ENTONCES PRESIDENTE RICHARD NIXON, PARA DELATAR A LOS ROCKEROS DROGADICTOS

Este 16 de agosto se cumplen 42 años de la muerte de Elvis Presley, un mito musical para cualquier rockero “blandiblú“, que los hay y muchos.

En Graceland, la que fuera mansión del divo, se reunirán miles de fans ataviados como acostumbraba “La Pelvis” a partir de 1962, celebrando una ceremonia tan patética como cateta, hasta decir basta.

Sólo los paletos cum laude son capaces de un carnaval de tal calaña, al que no acuden verdaderos fans del rock and roll, sino aquellos/as que no conocieron el Teatro Chino de Manolita Chén, dicho sea con todo el respeto que merecía la inolvidable vedette madrileña.

NO HAY DUDA DE QUE DE LA INOLVIDABLE VEDETTE MANOLITA CHEN HUBIERA FICHADO A ELVIS COMO ESPECTÁCULO IMPRESCINDIBLE EN ESE GRAN CIRCO

Bienvenido el homenaje anual, el recuerdo a la figura (discutible, como todas) del “fenómeno” de Tupelo, pero… ¡vade retro¡ a los integristas de la lentejuela y la quincalla, el oropel y la bisutería, o sea, los carcamales con cara de jugadores de casino de Las Vegas.

En ese homenaje no hacen otra cosa que pisotear lo poco que de auténtico tuvo el infortunado delator y ultraderechista, que protagonizó una docena de aberrantes películas, de las que únicamente se salvan “Jailhouse Rock” y “King Creole”, esta última, la mejor sin duda de ambas, dirigida por el astuto Michael Curtiz.

Elvis desaparecía del mundo de los vivos el 16 de Agosto de 1977 a la edad de 42 años, para ocupar de inmediato una lujosa vivienda en el Olimpo de los Elegidos, precisamente por haber pasado al más allá a una temprana edad.

Desde 1956, convertido en una de las figuras más promocionadas de la escena musical,  fue elevado a la categoría de “personaje de obligado conocimiento”, como Marilyn Monroe, Jimi Hendrix, Jim Morrison o James Dean.

Sin embargo, Elvis no había inventado nada que no existiera previamente. El rock and roll ya había hecho acto de presencia (hacia 1947) en los clubes y cabarets de los guettos donde olvidaba sus penas el personal afroamericano, dado que sus ídolos no lograban colarse en la poderosa televisión, por el mero hecho de ser negros.

EL ROCK AND ROLL, FUE NEGRO Y CONTESTATARIO DESDE SUS COMIENZOS Y SU ÚNICO REY SE LLAMÓ CHUCK BERRY

Y así, genios como Fats Domino, Larry Williams, Chuck Berry o Little Richard tuvieron que soportar que un muchacho blanco, que únicamente gustaba de la música country (el equivalente yanqui a la copla o canción española), fuera considerado el arquetipo de creador del rock and roll, en detrimento no sólo de las auténticas raíces de tal forma de expresión musical, sino de sus más genuinos creadores, incluidos genios de rostro pálido como Jerry Lee Lewis o Eddie Cochran.

El nuevo estilo, popularizado hacia 1956 por el corrupto disc-jockey Alan Freed, obedecía a los verbos to rock y to roll (léase follar o chingar en el slam afroamericano), previamente utilizados en 1939 por Buddy Jones en la canción Rockin’ Rollin’ Mama*, continuando por Arthur Big Boy Crudup con el tema Rock me, Mama* (1944), por Wild Bill Moore con We’re Gonna Rock, We’re Gonna Roll (1947) y otra serie interminable de canciones e intérpretes que jamás fueron lanzados al estrellato desde las emisoras de radio y televisión: todos ellos tenían la piel de color bastante oscuro.

Los arteros y manipuladores dueños de las cadenas más importantes de radio y televisión, que además disfrutaban como enanos aplaudiendo las medidas que el senador Mac Carthy había emprendido contra todo aquel profesional del cine, la música, la literatura o la meteorología, que fuera sospechoso de simpatizar con el comunismo, gozaban igualmente dejando a los negritos fuera de la pequeña pantalla.

La “supremacía blanca” que hoy sigue asesinando en el Imperio,  continúa enquistada en el país más criminal del globo.

Preferían que un muchacho paliducho usurpara el trono de un reino próximo a convulsionar el mundo de la música ligera. Si había que enervar sexualmente al personal femenino, mejor blanco y embotellado.

La vestimenta que Elvis lució a partir de 1962 definió su trágico futuro. Parecía elegida entre la más grotesca que pudiera hallarse en las tiendas de moda. Las lentejuelas, los grandes cuellos, camisas con inmensas chorreras, hilos de oro, brocados casi taurinos, sustituían a las botas de punta afilada y los pantalones vaqueros.

La compañía RCA Víctor supo imponerle un tolerable aire de joven provocador, con cierto aire de autosuficiencia, peinado con aquel inconfundible tupé caído sobre la frente, luciendo una sonrisa mitad chulo de barrio, mitad alma lánguida, para dos años más tarde sufrir una de las transformaciones más patéticas de la pequeña historia de la música popular.

Con el paso de los años, su impostada voz, su meloso registro, se venían abajo y destrozaba con pasión versiones de éxitos de toda procedencia (en directo desafinaba más de una vez y reía de buena gana). Aquella supuesta rebeldía juvenil se agotó cuando aún no había cumplido veinticinco años.

EL PATETISMO Y EL RIDÍCULO ADORNARON A PRESLEY DESDE 1960 HASTA SU MUERTE, EL 16 DE AGOSTO DE 1977

El 21 de diciembre de 1970, Elvis se reunía con el entonces presidente Nixon, a petición del “rockero”, tras haber enviado una carta de seis páginas en la que solicitaba ser recibido en audiencia por el mandatario, al que ofreció sus servicios como “Agente Federal” de la Oficina de Estupefacientes y Drogas Peligrosas.

Tal vez el hecho de verse desplazado desde un mundo joven, vital y rebelde, que vibraba con Beatles y Stones, hasta los salones de lujosos restaurantes y hoteles de las Vegas, le condujera a una depresión y un “pastilleo” más que comprensible del que, por suerte y desdicha, salió aquella tarde de agosto de 1977.

Una llamada de los Servicios Informativos de RTVE (donde quien firma estas líneas trabajaba desde 1965) interrumpió mi descanso estival. Me invitaban a opinar sobre el luctuoso suceso en el Telediario de la 1ª Cadena, donde dije, exacta y sucintamente, lo que escribo hoy, precisando que en mi opinión, Elvis fue un mito de neón.

Ni que decir tiene que los presentadores del informativo pusieron cara de pasmo y me despidieron como quien dice adiós al mismo demonio.

Un colega recriminó mi varapalo a Elvis, recordándome que John Lennon definió como “único” al de Tupelo. Tuve que responderle con un dato incontestable: pese a la supuesta admiración hacia La Pelvis, en el álbum “Rock and Roll” del inolvidable Beatle no figura ni un sólo éxito de Presley.

Mi único elogio profesional hacia este desdichado personaje consiste en conservar sus primeros singles en vinilo, cuando aún estaba lejos de convertirse en un objeto de culto para quienes, precisamente, no suelen comprender qué significaba el rock and roll, ni sus raíces. El resto de su obra no me interesa en lo absoluto.

Y si alguien se ofende por el titular, le sugiero que se rasque. “No es amarga la verdad; lo que no tiene es remedio”, que cantaba el bardo Joan Manuel.

NOTA DEL AUTOR.– Para despejar dudas acerca de una presunta alabanza hacia el incesto materno, en esas dos piezas marcadas con asterisco, aclaro que el término Mama, se utiliza genéricamente para nombrar a una muchacha en edad casadera en muchos de los países del continente americano, especialmente entre las comunidades negras.

En Cuba, por ejemplo, “mami” es un diminutivo muy habitual, usado por los hombres siempre en tono cariñoso y familiar.

La cantautora y activista por los derechos humanos, Joan Báez, se ha referido a la situación que viven los presos y exiliados catalanes como una “injusticia” y se ha mostrado comprometida a “hacer todo lo que pueda” para acabar con esta situación.

En una entrevista este sábado por la noche en el FAQS de TV3, también ha asegurado que tiene intención de visitar uno de los Jordis durante su estancia en Catalunya si la agenda se lo permite.

Ellos son importantes y es importante que el mundo los conozca“, ha destacado Báez, asegurando que “como más interés despiertes fuera del país mejor”. La cantautora ha asegurado que se siente “muy próxima” a la situación del procesio de independencia de Catalunya y ha reiterado que “es el pueblo, es su voluntad.

En otros momentos, hablando del presidente estadounidense, Baez afirmó que “Donald Trump es el hombre más peligroso que ha existido, después de Hitler“.

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