AVISO A LOS NAVEGANTES

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Hoy 27 de Septiembre se cumplen 43 años de los últimos fusilamientos ordenados por el criminal y dictador Francisco Franco, que con estos asesinatos dejó claro que su régimen de terror no había terminado.

Nuevamente se hace necesario el reconocimiento y el homenaje a aquellos cinco jóvenes que entregaron su vida por la libertad de todos los pueblos de España.

Su muerte supuso el definitivo aislamiento y condena internacional de la dictadura y la mayor oleada de manifestaciones antifascistas en toda Europa y el resto del mundo.

Cinco jóvenes: Xosé Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez-Bravo Sollas, Ramón García Sanz, Ángel Otaegui Etxeberria y Juan Paredes Manot, no se rindieron ante el régimen y entregaron su juventud a la lucha por la democracia.

Por eso pudo Xosé Humberto Baena comenzar su carta de despedida con una serenidad emocionante: “Papá, mamá: me fusilarán mañana…”, o Juan Paredes Manot “Txiki”, quiso dedicar a sus hermanos pequeños, en el reverso de una fotografía, las palabras del Ché que desde aquel 27 de septiembre figuran en su epitafio: “Mañana cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad”.

Hace falta tener siempre presente en la memoria colectiva aquel execrable crimen. El mundo condenó a Franco, pero todavía aquellas sentencia ilegítimas no han sido revisadas ni anuladas, ni quienes las dictaron, en nombre de un Régimen sangriento, han respondido por ello.

Desde la “proclamación de la democracia“, los gobiernos del PPSOE torpedearon las exigencias de la justicia internacional, como la causa que abrió la jueza argentina María Servini, para que fueran extraditados, en la llamada “Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo“, diecinueve torturadores y altos cargos de la Dictadura involucrados en todo tipo de Crímenes de Lesa Humanidad.

Hoy, 43 años después las exigencias de verdad, justicia y reparación, ese reclamo sigue siendo un anhelo de todos los antifascistas del Estado español.

Aquellos cinco jóvenes asesinados representan a todos los luchadores de la última etapa del franquismo y a quienes seguimos denunciando los continuos brotes de neofascismo que surgen desde el ejército, la judicatura y los partidos españolistas, como repugnante prueba de que España es un régimen sufragista vigilado y no una democracia.

El ejemplo de estos cinco héroes sigue representando ese combate contra el odio y la intolerancia, todavía enquistados en las instituciones del régimen borbónico.

A Jon Paredes Manot “Txiki”, preso en la prisión Modelo de Barcelona, lo fusilaron junto al cementerio de Collserolla, en las afueras de la ciudad. Tan sólo contaba con 21 años.

Ángel Otaegi, de 33 años y natural de Nuarbe, Gipuzkoa, fue fusilado a las nueve menos veinte de la mañana, en la prisión de Burgos.

José Luís Sánchez Bravo contaba con 22 años y murió a las nueve y media; Ramón García Sanz, con 27, a las nueve y diez, y José Humberto Baena Alonso, de 24, a las diez y cinco. Los tres, fusilados en Hoyo de Manzanares, localidad cercana a Madrid.

Recuerdo un país consternado en aquellos días, impotente ante estos nuevos asesinatos, lleno de rabia, pero sobre todo una enorme tristeza.

En esos días, Luis Edardo Aute compuso la canción “Al alba”, en cuyos versos se escondía aquella rabia y tristeza ante las condenas.

Para burlar la censura, convirtió la denuncia en un bello poema de amor, que a partir de entonces conocemos como el más hermoso canto de admiración y recuerdo de estos cinco luchadores. Su memoria, como su sacrificio, serán eternos.

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